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Historias de la Boca de Barranca con Marco Pacheco.

by tuanix

Retrocediendo en el tiempo.

Cuando hablamos de surf en nuestro país la mayoría de personas podrá mencionar al menos tres lugares en los que se puede surfear y disfrutar de grandes sesiones, sin embargo es muy probable que no encontremos muchos que conozcan sobre la historia del surf nacional, sobre los estilos de vida de aquellas épocas y cuáles fueron los primeros lugares para la práctica de esta disciplina.

Marco Pacheco es un gran conocedor del surf nacional, es un surfista activo que goza de las buenas sesiones entre las olas y uno de los deportistas de más experiencia en nuestro país.

Conversamos con él en esta oportunidad y con la seguridad que dan los años, nos relata sobre uno de los puntos  más visitados allá por los años 70, Boca Barranca.

El sitio está ubicado cerca de Puntarenas y debido a su cercanía con la capital, a la calidad de su ola y a su constancia la convertían en un parque de diversiones para el disfrute de los amantes de tabla en aquellos períodos. Pero la escena en la Boca en esos tiempos era muy diferente a lo que hoy es, los cambios estructurales en el entorno han generado grandes cambios en la ola -que a su vez- han provocado que los surfistas emigren en busca de mejores condiciones. En aquellos años, cuenta Pacheco, la playa vecina, Doña Ana, era el foco de atracción como punto de encuentro de una generación rebelde que buscaba una actividad alternativa para disfrutar y relajarse.

Puntarenas en esos años era -sin duda alguna- la atracción veranera para los josefinos y la Boca era una extensión del paseo de los turistas, del muelle y de los famosos churchills. El sitio era tan atractivo que no solo los nacionales disfrutaban de este mágico lugar, muchos extranjeros visitaban este sitio por sus espectaculares condiciones y por los atractivos que lo acompañaban, de manera tal que poco a poco se fue formando una pequeña colonia permanente de surfos alrededor del rio.

Sin embargo, nos comenta este deportista oriundo de Tamarindo y conocedor de este mágico lugar, mucho antes de que construyeran el puente a Caldera la única manera de llegar a Doña Ana era cruzando el río Barranca en botes de remo, toda una aventura que alimentaba el servicio de transporte ofrecido por Secundino Arias, un jóven de aquel período que creció ayudándole a su familia trasladando turistas de un lado a otro del río, ganándose la vida con su viejo cayuco de madera dirigido a punta de remo.

“El surf para la mitad de los 70 era practicado regularmente por muchos ticos, no solo los norteamericanos disfrutaban de él,ellugar era magnífico por sus condiciones y por los pequeños atractivos que ofrecía, entre ellos la generosa hospitalidad de los lugareños. No se puede hablar de Boca Barranca sin mencionar a la familia Arrieta, a los negocios Chanita de un lado y Rio Mar del otro, ambos lugares ofrecían cabinas a los viajeros surfistas de mi generación.”, asegura Marco Pacheco.

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Marco Pacheco, Sup Surfing, La boca , 2013

Al final de los 70 se destapó el secreto sobre las excelentes condiciones de este spot y así más y más fiebres se lanzaron al mar a correr olas. Es importante mencionar que este lugar se caracterizaba no solo por ofrecer al deportista las mejores condiciones, sino también porque los lugareños ofrecían algunos servicios básicos con gran gentileza, lo que atrajo aún más a los visitantes que querían vivir su vida al lado del mar, muchos de los lugareños nacidos en la misma zona -entre ellos Secundino-, empezaron a aprender a surfear con los visitantes y esto enriqueció aún más el panorama. Los otros grupos eran los norteamericanos que lograron asentarse allí mismo, como es el caso de Gerry Jones, que puso su propio negocio al lado de la Boca: El Parqueo Restaurante y Cabinas.

Según nos menciona Pacheco, en esa época no existía la red de información que tenemos hoy en día, de modo que no era posible saber si habían condiciones apropiadas en este lugar y todo se basaba en cuestión de fe, se salía de San José esperando encontrar olas de buen tamaño y esa expectativa le daba una nota muy positiva al viaje, un asunto de suerte.

A principios de los 80 el panorama estaba cambiando, con la llegada de más surfistas y con el crecimiento del deporte ya se empezaba a sentir el factor gente en el agua, y aunque la Boca presentaba un ola muy larga no daba para tanta gente, el tumulto en el agua provocaba un caos entre las olas con gran cantidad de tablas, fue en este momento donde saldría a flote la intuición de un surfista llamado Marco Bonilla, que abrió un portillo hacia Jacó y Playa Hermosa en búsqeda de otros lugares más tranquilos.

Marco describe dos hechos relevantes en el panorama del futuro de la famosa boca:  uno de ellos fue la construcción del puente a Caldera y el desarrollo de la Costanera Sur, y el más importante -desde luego- la construcción del muelle de Caldera, ya que por su extensión se produjo un efecto negativo en la ola interrumpiendo el fluido de arena hacia el sector, dejando como resultado que la ola solo quiebre de vez en cuando.

“La Boca ha cambiado y mucho, ha cambiado por todas las razones que te he dado, sin embargo todavía sigue siendo una ola muy divertida. Lo que cambia principalmente es la gente alrededor pero desde luego se mantendrán la amabilidad y hospitalidad de personas como Cundido, David, el Nica, Johnny, Coquí y hasta el mismo presidente de la Federación de Surf de Costa Rica, Randall Chávez, entre muchos otros amigos que conocen estas aguas y han disfrutado de ellas por mucho tiempo.”

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Marco Pacheco fue parte de la Película Endless Summer II.

 

Actualmente Boca Barranca es una ola de gran calidad y, pese a no ser tan constante como en años anteriores, continúa funcionando de gran manera con swells de dirección sur desde 180 grados hasta los 200 grados  y cuando ofrece un período y un tamaño adecuado no hay duda de que se pueden disfrutar sesiones de calidad mundial.

Redacción: Enrique Hernández

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  1. juan barreto

    Muy buenos recuerdos grax gory por recordar esos tiempos

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